Por Isabel Cristina Restrepo Espinosa
En cuestión de tecnologías de información y comunicación, el futuro está muy cerca, las bases están sentadas desde hace décadas y sólo es cuestión de esperar para ver los resultados. Y creo que para llegar a ese futuro la tecnología no es un problema, ya está aquí, o al menos en las mentes de los investigadores y académicos (lo cual es una parte esencial en el proceso. La forma de materializarlas es lo de menos): nanotecnología, comunicaciones satelitales, microchips que almacenan cantidades de información inimaginables y otros tantos inventos que no me atrevo a mencionar, pues soy prácticamente iletrada en asuntos tecnológicos.
El futuro de las TIC está, como lo mencionaba el doctor Cristóbal Cobo , haciendo alusión a la web 2.0 –idea que yo extiendo a todas las nuevas tecnologías–, en la actitud y no en las tecnologías mismas; en la forma como hagamos uso de esas herramientas ya inventadas, ya al servicio del hombre.
Así, el problema a afrontar no será necesariamente (en mi opinión) el posible colapso de la Red debido a sobrecarga de información y poca tecnología para soportarla, o la falta de herramientas y conocimiento para manejar y participar en la Red, sino el peligro ético, social, y tal vez filosófico que representa una anarquía como la que rige el uso de las TIC hoy en día y que, se supone, seguirá creciendo y arraigándose con el paso del tiempo.
Hace unas semanas, leyendo la edición online de El Colombiano (ya no leo la versión impresa), me preguntaba qué estará pasando al interior del diario ahora que los lectores “ocupan” tanto espacio con sus artículos, opiniones, quejas y demás. Quiero decir, ¿habrá recorte de periodistas? Digo, porque ya no necesitan tantas personas para escribir –más bien las necesitan para editar– como antes cuando todo el contenido dependía sólo de los reporteros. Y pensé, que si ésta siendo una nueva modalidad, al menos en nuestra ciudad, ya está tomando fuerza entre los lectores/usuarios de estos medios, en un futuro los medios serían completamente “propiedad” de los mismos lectores.
Unos días después noté que mi inquietud no era mía sola, y que lo que se ha denominado “prosumer” (que en español sería prosumidor): mezcla entre productor y consumidor es más común de lo que yo pensaba y que, según lo planteado en el video “La revolución de los medios”, es algo que se apoderará de la Web y se convertirá en el modus operandi de los medios de comunicación digitales, desapareciendo en poco tiempo a los periódicos, revistas y boletines tal como los conocemos hoy en día.
Así las cosas… ¿No es esto preocupante? ¿Que la información, y en definitiva el conocimiento, queden en manos de las masas, de quienes no tienen formación para su tratamiento y publicación? ¿Que desaparezcan los noticieros (en radio y televisión) y los periódicos para dar paso a espacios estilo Wikipedia que son responsabilidad de todos y tal vez de nadie al mismo tiempo?
Es un riesgo que no podemos correr. Si “Internet es ya y será aun más el medio de comunicación y de relación esencial sobre el que se basa una nueva forma de sociedad que ya vivimos” , la humanidad tendrá su base en información que un fulano publicó en la Red, o en artículos de una enciclopedia aportados por un estudiante de bachillerato (que probablemente no tendrá autoridad en el tema que escribe).
Esta sed de libertad y anarquía que tenemos hoy con respecto al uso de Internet debe repensarse; es decir, concuerdo con estos movimientos libertarios en que la Red no debe estar manipulada por ningún Gobierno nacional, es patrimonio de la humanidad y así debería seguir. Sin embargo, organizar a millones de personas en torno a un herramienta como Internet –y en general, las TIC– es trabajo de titanes, y algo tendrá que hacerse al respecto, cuando la Red absorba (o mejor, si lo hace) a los demás medios de comunicación y se convierta en una única fuente de información y de consulta. Alguien deberá educar a la humanidad para hacer un uso inteligente y considerado de estas tecnologías, para que no las tornemos en centro de nuestras vidas y sepamos discernir entre lo que es bueno y lo que no tanto, entre lo real y lo virtual, entre lo que es válido y lo que no.
Ética, educación y responsabilidad serán los nuevos retos a asumir frente a las nuevas tecnologías que ya permean nuestras vidas.
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