Por Diana Romero
Intentar visualizar una red de redes a futuro implica pensar hasta qué punto la evolución de Internet ha ido a la par con la evolución de las sociedades. Como medio social de interacción, Internet no puede concebirse como un avance tecnológico aislado del uso y aprovechamiento por parte de las personas para las cuales fue creado.
Es así como más allá de intentar predecir un futuro de Internet desde lo técnico, intentaré analizar un posible escenario desde lo que las personas pueden llegar a hacer y lograr usando la tecnología.
Una primera visión podría ser entonces la de una red que nos permita como país insertarnos decidida y definitivamente en la llamada Sociedad del Conocimiento. Una red en la cual personas, empresas, gobiernos y universidades se apoyen para mejor su calidad de vida, su productividad y su competitividad frente a los países más desarrollados.
Si bien Manuel Castells[1] señala que Internet es ya una realidad y hace parte de nuestra cotidianidad, en países como el nuestro aún podemos presenciar lo contrario. Y no es precisamente por la brecha digital entendida como la falta de oportunidades de acceso a las tecnologías, sino más bien por “la oportunidad pérdida con grupos en desventaja que no tienen la posibilidad de aprovechar eficazmente las nuevas tecnologías para mejorar sus vidas”[2].
Ya el dilema no es cómo dar acceso, sino cómo formar a los ciudadanos en el uso y aprovechamiento de las tecnologías, en especial, Internet. Las potencialidades de Internet como medio para la comunicación, el comercio, la educación, etc., son muy bien conocidas pero precariamente aprovechadas por la mayoría, inclusive por niños y jóvenes de la generación net o como suelen llamárseles, por los nativos digitales.
Como ya mencionamos, no podemos atribuirle el desaprovechamiento a la falta de acceso, pero sí podemos lanzarnos a decir que se debe a la falta de significantes que nos hagan usar las tecnologías para nuestro beneficio. Lograr que una tendera de barrio utilice un computador para sistematizar sus cuentas es como pedirle peras al olmo. Podría pensar ella, ¿para qué necesito el computador si siempre he llevado mis cuentas en un cuaderno y así me ha funcionado?
Extraer a las personas de sus costumbres no parece ser la solución; el reto está en lograr que los beneficios que a muchos de nosotros nos ha traído el uso de Internet, como el ahorro en costos de desplazamiento, en tiempo y la realización de actividades antes insospechadas como la comunicación sincrónica y asincrónica, la interacción con personas de todo el mundo, las compras en línea o el pago de servicios, puedan ser percibidos como propios por aquellos que aún se resisten a dar el salto hacia la era digital.
Un segundo escenario, se plantea frente a los contenidos a los que accedemos en la red. Como mencioné anteriormente el problema no parece ser el acceso a la red sino el acceso a los contenidos, y más aún, a contenidos de calidad y pertinencia para el aprovechamiento pleno de las potencialidades de Internet en el futuro.
Lo primero que debemos considerar es que actualmente por la red circulan, en su mayoría, contenidos en idiomas distintos al nuestro, por ejemplo, hay una mayor presencia de contenidos en inglés y en mandarín, lo que es lógico si tenemos en cuenta que el español es el cuarto idioma del mundo. Y pese a que el español ha ido creciendo en la red gracias a los esfuerzos de distintas organizaciones, el equilibrio no parece ser un escenario real en un buen tiempo.
Si a eso le sumamos que la información que circula no está estructura, codificada y organizada para que sea localizada por los motores de búsqueda dando respuesta a las necesidades del usuario, podemos inferir que el desaprovechamiento es la constante en la actualidad.
Sin embargo, a futuro vemos cómo las distintas iniciativas, como la de la W3C, por convertir a la Web en una Web Semántica, que como su nombre lo indica, dé significado a las palabras y posibilite la ubicación de la información tal como la necesitamos, en el idioma de nuestra elección y bajo los parámetros de contexto, ganan terreno al menos en nuestras ilusiones, como mencionan Codina y Rovira[3].
No es difícil imaginar que si las condiciones están dadas y la red no colapsa como lo vaticinan algunos estudios[4] debido a la enorme saturación de información, para el futuro la red de redes puede llegar no solo a ofrecernos las posibilidades que hasta ahora conocemos de compartir, publicar, conocer, votar, estudiar, etc., sino además, podrá servirnos para la democratización real de las sociedades en un mundo globalizado donde como dice Cristóbal Cobo[5], la red sea usada no solo por Goliat sino también aprovechada por David.
[1] Castells, Manuel. Lecciones de la historia de Internet.
[2] SECRETARÍA DE EDUCACIÓN DEL DISTRITO CAPITAL. Cultura Informática: educación, sujeto y comunicación. Primera Edición. 2005. Pág. 19.
[3] Luis Codina y Cristofol Rovira. La Web Semántica.
[4] Ver noticia del estudio publicada en El Público de España en http://www.publico.es/ciencias/tecnologia/077979/se/colapsa/internet
[5] Cobo, Cristóbal. Web 2.0: un cerebro digital en crecimiento.
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